A la vuelta de un instante
tres cabezas ruedan por el suelo.
Mi psicoanalista
me regaña.
Ella va de Lolita por la vida.
Su mirada me despelleja de toda realidad.
Nunca he sido una buena persona,
pero,
Ella se muerde los dedos al hacer el amor.
No creo en el fetichismo,
mas,
zapatos negros de tacones altos,
Ella va de látex y cuero
y nunca ha sido una buena persona.
Altera el orden de las cosas.
Repto sigiloso por el canto de mentiras
que brota de su cuello.
Hay restos de amor en el lunar detrás de su cabellera
y yo aún buscando el ridículo traje de arlequín
entre los cadáveres de siempre.
Un último vistazo a su ombligo.
La falda negra de piel ya está rota y desgarrada.
Un cero a la izquierda del tiempo,
a mano derecha su hombro
y "AIRES DEL TIEMPO" al dormir.
Una prostituta y un infeliz
mueren cada noche en la ciudad.
Me desvisto al amanecer.
Mi psicoanalista
sugiere suicidio.
jueves, 3 de diciembre de 2009
miércoles, 2 de diciembre de 2009
DULCE ESTACION DE LAREDO
Un eco sepulcral, propiamente dicho.
Un viento helado parte la ciudad,
aves de rapiña por la estación de Laredo.
Un jadeo rítmico, casi imperceptible.
El país termina a unas cuantas calles
y empiezan o acaban los resentimientos;
en el anden la luz es más tenue.
Dulce vende su cuerpo por 40 dólares,
sólo tiene catorce años.
En la maquiladora trabajan horas extras,
un sueldo así no alcanza para nada,
es monótono, aburrido,
la línea no debe parar.
El río le dibuja la cintura a la ciudad,
silueta convexa casi perfecta.
Dulce sueño americano.
La fabrica cansa, hastía, trastorna;
a veces hay deseos de ser alguien.
Pretexto varios amores idos,
una niña no volvió a su casa,
una campana de cristal se rompe contra el suelo.
La inocencia se pierde en cada esquina.
Dulce estación de Laredo,
el corpiño va de blanco a rojo.
Un viento helado parte la ciudad,
aves de rapiña por la estación de Laredo.
Un jadeo rítmico, casi imperceptible.
El país termina a unas cuantas calles
y empiezan o acaban los resentimientos;
en el anden la luz es más tenue.
Dulce vende su cuerpo por 40 dólares,
sólo tiene catorce años.
En la maquiladora trabajan horas extras,
un sueldo así no alcanza para nada,
es monótono, aburrido,
la línea no debe parar.
El río le dibuja la cintura a la ciudad,
silueta convexa casi perfecta.
Dulce sueño americano.
La fabrica cansa, hastía, trastorna;
a veces hay deseos de ser alguien.
Pretexto varios amores idos,
una niña no volvió a su casa,
una campana de cristal se rompe contra el suelo.
La inocencia se pierde en cada esquina.
Dulce estación de Laredo,
el corpiño va de blanco a rojo.
jueves, 26 de noviembre de 2009
POEMA IMPOSIBLE 6
La carne se seca al sol
pellejos que algunas aves picotean
el recuerdo de aquella repugnante vieja
de blancas carnes y olor a vida desperdiciada
se reaviva en estas sedientas tardes
Carne salada sin sombra
en la mente
las noches en un hotel cercano al metro Taxqueña
la piel morena próxima a graduarse
olor a coco de mujer costeña
y todo aquello que quedó inconcluso
todo aquello sólo es pasado
Carne que llena la tarde de salitroso hedor
el sol de una ciudad en medio del desierto
una mujer moja sus labios en cerveza,
labios rojos de placer resplandeciente
mascaradas invernales para disimular un poco
la eterna espera
Trozos de carne muerta secándose al sol
duele más cada paso
la arena me hace cerrar los ojos
solo queda polvo sobre las tumbas
pisadas que se oyen siniestras sobre tu agonía
Una casa abandonada, casi derruida.
Miles de moscas tapan el sol,
se posan en mis manos y en mi boca
no me puedo mover,
cierro los ojos
al zumbido
del cercano andar de la muerte
pellejos que algunas aves picotean
el recuerdo de aquella repugnante vieja
de blancas carnes y olor a vida desperdiciada
se reaviva en estas sedientas tardes
Carne salada sin sombra
en la mente
las noches en un hotel cercano al metro Taxqueña
la piel morena próxima a graduarse
olor a coco de mujer costeña
y todo aquello que quedó inconcluso
todo aquello sólo es pasado
Carne que llena la tarde de salitroso hedor
el sol de una ciudad en medio del desierto
una mujer moja sus labios en cerveza,
labios rojos de placer resplandeciente
mascaradas invernales para disimular un poco
la eterna espera
Trozos de carne muerta secándose al sol
duele más cada paso
la arena me hace cerrar los ojos
solo queda polvo sobre las tumbas
pisadas que se oyen siniestras sobre tu agonía
Una casa abandonada, casi derruida.
Miles de moscas tapan el sol,
se posan en mis manos y en mi boca
no me puedo mover,
cierro los ojos
al zumbido
del cercano andar de la muerte
miércoles, 25 de noviembre de 2009
UN POEMA POR ELBA
Tardes de asueto,
noches violentas.
Un charco de sangre en la conciencia
y Elba de rubia en la ventana.
¿ Recuerdas, cholo, el color de sus ojos ?
Los árboles en verde intenso,
el cielo en azul interminable, incandescente.
Un pordiosero pide algo de comer junto a un BMW del año,
un acordeón rellena los silencios,
un agente de la BORDER PATROL mira todo desde el otro lado
y Elba se sienta lejos del sol.
¿ Recuerdas, cholo, el tono pastel de su ropa interior ?
El calor
le da una vista de minifaldas y blusas vaporosas
a Ciudad Éxtasis,
las tardes son insuficientes para el sol.
Elba moja su blusa.
¿ Recuerdas, cholo, el rosa triste de sus pezones ?
El viento y el salitroso olor,
cerveza, una cantina de la frontera,
sudor en los labios,
otra vez la noche y su silla vacía.
Tardes en espera de Elba.
Cholo ¿ recuerdas cuando partió ?
Laredo es otro.
martes, 24 de noviembre de 2009
LA COMUNION DE LAS COSAS
Nunca pude volar al ras del viento...
... ahora sé que es posible.
Una mujer se pierde
en el eterno tañer
de las estalactitas de mi locura,
la memoria no da para más.
Hay demasiada influencia
de tus formas en mi decadencia.
En un poema recuerdas tu mar
y los bolsillos se me llenan de arena y espuma y
de ese puerto que nunca fue.
Aún no hay nada parecido a....
Hay una mujer que al huir
se lleva mi sombra.
Una esfera gris
pende de su oreja.
Lleva una contusión en los muslos
y el bolso lleno de naufragios.
En estas tardes todo
pasa a su alrededor.
Vidrios rotos
y un rechinar de llantas
en la calle soledad.
Un cubo amarillo
sobre un fondo negro.
Ella sonríe
y por un momento me ciega.
Un triángulo azul a rayas
sobre su espalda.
Hay una mujer
que en estas tardes
pende de la memoria.
... ahora sé que es posible.
Una mujer se pierde
en el eterno tañer
de las estalactitas de mi locura,
la memoria no da para más.
Hay demasiada influencia
de tus formas en mi decadencia.
En un poema recuerdas tu mar
y los bolsillos se me llenan de arena y espuma y
de ese puerto que nunca fue.
Aún no hay nada parecido a....
Hay una mujer que al huir
se lleva mi sombra.
Una esfera gris
pende de su oreja.
Lleva una contusión en los muslos
y el bolso lleno de naufragios.
En estas tardes todo
pasa a su alrededor.
Vidrios rotos
y un rechinar de llantas
en la calle soledad.
Un cubo amarillo
sobre un fondo negro.
Ella sonríe
y por un momento me ciega.
Un triángulo azul a rayas
sobre su espalda.
Hay una mujer
que en estas tardes
pende de la memoria.
martes, 20 de octubre de 2009
Delgadas láminas de tiempo
Amanece, gotas de sol en la ventana
filtran la fragilidad del día.
Delgadas láminas de tiempo desploman su antigüedad
sobre los objetos.
Frontera apretada, sudor acumulado en el viento.
Laredo suda amargo desde hace tiempo.
Opulenta ciudad, fiel a si misma;
la bestia en medio del desierto espera romper el último sello
para discernir el destino.
Inaprensible ciudad inapreciable.
Fatigada urbe saturada, agobiada,
a punto de estallar.
Rodelas sucias y abandonadas junto al río.
La frontera ha dejado de ser invencible.
Delgadas láminas de tiempo, taciturnas entrañas del pasado.
Perenne sequía que acaba todo a golpes de calor.
La frontera no perdona el abandono.
Las hojas de papel se quiebran al contacto con la tinta.
Por eso no hay palabras.
Los muros no soportan la pintura,
Ahí, tampoco se puede escribir.
Hay días en que el desierto sisea plegarias.
Ciudad que se pierde en el tiempo.
filtran la fragilidad del día.
Delgadas láminas de tiempo desploman su antigüedad
sobre los objetos.
Frontera apretada, sudor acumulado en el viento.
Laredo suda amargo desde hace tiempo.
Opulenta ciudad, fiel a si misma;
la bestia en medio del desierto espera romper el último sello
para discernir el destino.
Inaprensible ciudad inapreciable.
Fatigada urbe saturada, agobiada,
a punto de estallar.
Rodelas sucias y abandonadas junto al río.
La frontera ha dejado de ser invencible.
Delgadas láminas de tiempo, taciturnas entrañas del pasado.
Perenne sequía que acaba todo a golpes de calor.
La frontera no perdona el abandono.
Las hojas de papel se quiebran al contacto con la tinta.
Por eso no hay palabras.
Los muros no soportan la pintura,
Ahí, tampoco se puede escribir.
Hay días en que el desierto sisea plegarias.
Ciudad que se pierde en el tiempo.
domingo, 11 de octubre de 2009
Lunes soledad
Hay un animal caído,
no un palacio.
O. Lamborgini
Lunes soledad
Y es sólo para mí la ciudad,
pero hoy me quedan grandes
los zapatos de aventurero.
Me refugio en mi casa de espejos ocres
que sólo pueden reflejar los gajos sucios
de este abandono
de frío y paredes mal pintadas.
Lunes soledad
Y nadie llama a la puerta,
la casa está vacía,
tu taconeo no se oye.
El muérdago del desdén carcome mis manos,
tu boina aún se empolva junto al perchero,
el ruido que viene de afuera
es lo más perecido a la vida
en esta casa.
Lunes soledad
Bebo ron y me tiro a la cama.
Es un juego absurdo el desaparecer de pronto
de las cartas y las fotos;
y de ese martes en que prometiste
luz en los oscuros andamios del miedo.
Lunes soledad
Y no encuentro tu ventana,
ni el azul cielo de tus giros,
ni tu fácil desenvainar los gestos.
Aún puedo oír las voces de noviembre
y saborear tus días de asueto.
Todo esta oscuro y en silencio.
Hay lunes como hoy
que sólo son de obituario.
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