miércoles, 4 de mayo de 2011

POEMA PARA NO CREER EN OLIVIA

Olivia cambia a diario con los atardeceres y


con las dudas que llegan en la noche.

No puedo creer en ti, Olivia;

aunque la noche caiga en las exageraciones

que produce la nuez deificada de tu insomnio

(Sabes que cuando uno es sólo un soplo de irrealidades hay muchas

cosas en las que no puedes creer).

Mis manos no se traman aún

sobre el perfumado llano de tu espalda

(No hay indicios de verdad en el patíbulo de las afirmaciones).

Mis dedos se decantan temerosos por tu vientre

ahora voy sigiloso por las puertas y ventanas de tu cuerpo

de entrepaños abiertos y apacibles carcajadas forzadas

(Los motivos de la razón cuelgan de las ancestrales celosías de

mi locura).

Hay una cortinilla de claroscuros

que separa la vulnerable ficción de tu recuerdo

y el pueril rostro con el que ahora te disfrazas

(La mañana es el último eslabón de distancia y yo no pienso ir

mas allá de tu invierno).

No puedo creer en ti, Olivia;

la lluvia me dobla los ángulos y tú me desarmas a miradas

(Como cuando los cuervos que van de metamorfosis a quetzales).
 
Tus noches de roce con las yemas de los dedos,


sofocando los sentidos e inundando los poros

(Bien sabes que hay un poco de virtud en la desmemoria).

Llego a tu I griega (Y),

a esa aromática zona lacustre del deseo

(en esta historia ya no hay rincones inéditos).

No puedo creer en ti, Olivia;

por que mis moldes ya están fríos y vacíos

como tus pretextos, casi transparentes.
 
Olivia no dice nada


y se esconde

entre las sábanas.

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